2020: Encontrar la forma de ganar.

Buena tarde amigos de los 360 grados de acero.

El día de ayer, en horario estelar, en la emisión del primer Monday Night Football de la temporada, los Pittsburgh Steelers hicieron valer su condición de favorito y se llevaron una esperada, aunque no sencilla, victoria sobre los New York Giants, en su visita a la casa de éstos, el MetLife Stadium.

Foto: Sarah Stier

El juego, además de ser el primer MNF sin público por toda la complejidad y riesgo que ha traído la pandemia mundial del CoVid-19, traía también el adicional de ser el primer juego de Ben Roethlisberger, tras casi un año de ausencia, luego de la lesión sufrida en la semana dos de la campaña 2019, su eventual cirugía en el codo y la rehabilitación que ello implicó.

Era también el primer juego en una temporada regular desde 2004, en que los locales no tenían en su listado de jugadores en activo a Eli Manning, quien optó por el retiro al término de la campaña 2019.

Es decir, era un juego con muchas circunstancias especiales y expectativas que no defraudaron. Al menos, no a quien escribe.

Y en esta ocasión, no me centraré en los datos estadísticos que se registraron en el encuentro. Más bien, quisiera externar una reflexión de lo que espero sea una constante en el equipo.

Año con año, ciertamente hay ilusión y expectativas para que mis aurinegros levanten nuevamente un Trofeo Lombardi. Algunos años, ciertamente, han sido expectativas más basadas en el sentimiento que con el raciocinio, pero vaya, no he desahuciado o levantado la bandera del derrotismo antes de iniciar una campaña. Y en este 2020, obviamente no iba a ser la excepción.

La lesión de Roethlisberger en 2019 mermó enormemente la expectativa de un Campeonato para el equipo, incluso para tener una campaña sin marca perdedora, ya no digamos exitosa. Muchos especialistas incluso daban por sentado que el golpe iba a ser tan letal, que Pittsburgh sería sotanero de la división, algo que no ocurría desde 1988. Y pese a todo, Pittsburgh levantó la mano y con un equipo de jóvenes y una defensa brutal, arañaron incluso el pase a postemporada.

Foto: Matt Freed.

Pese a ello, en ese 2019 en lo personal hubieron tres fantasmas particulares que percibí con alegría se desvanecían un poco: el primero, pese a lo complejo de la campaña, se había notado ya una sacudida, ligera pero notoria, a ese estigma de no saber mantener la delantera en los juegos o a no saber remontar marcadores adversos, algo que sin duda es un factor que distingue a los equipos triunfadores del resto.

El segundo fantasma es sobre Mike Tomlin, quien por años ha sido cuestionado, no sin razón, de ser un entrenador que no planifica, que no tiene una opción b), c) o d) en caso de que la opción a) no esté funcionando. Incluso, y aunque en la NFL no hay nada escrito y es una Liga que cada domingo puede dar sorpresas, Tomlin ha cargado con esa losa de ser un entrenador incierto y hasta algo gitano, que como bien da una demostración de calidad ante equipos (en papel) potencialmente igual o más fuertes, como también salir y plantear un esquema de improvisado y sin rumbo ante rivales (también en el papel) más débiles. Pero eso, al menos en 2019, pude ver un atisbo de que también se estaba sacudiendo.

Foto: Karl Roser

Y el tercer fantasma, risorio e intrascendente quizás, es que Pittsburgh en los últimos años había tenido muy poca suerte. Y no, no me malinterpreten. Cuando me refiero a suerte, no es a dejar que el azar marque la pauta del trabajo en el equipo. Me refiero a esa suerte que tienen los equipos ganadores, esa que surge en un momento fortuito para ajustar o cambiar el rumbo de un partido complejo, y que te permite o bien finiquitar o bien remontar según sea el caso, pero que te permitan ganar un juego. Y en 2019, también noté como esa suerte, a favor obviamente, de equipo grande, comenzaba a asomarse con mayor regularidad en mis Steelers.

Todo inicio de campaña, salvo algunas excepciones, es incierto. Hay dudas, nervios. Es casi imposible tener un equipo que arrase semana tras semana, desde la jornada uno. Habrán altibajos, fallas y derrotas. Pero lo que caracteriza a un equipo que presuma estar entre los mejores, es luchar contra esos fantasmas de los que me refiero antes: que independientemente al resultado, el equipo demuestre ser capaz de plantarle cara al rival, que se sienta, que se trasmita que tienen la capacidad de remontar; de tener una planificación en cada uno de los entrenadores para hacer ajustes y dejar la improvisación como alternativa y no como una constante, y también de aprovechar esos pequeños destellos que ocurren en cada juego, la suerte vaya, para beneficio de tu causa. Pongámoslo así: que trasmitan y sobre todo, QUE ENCUENTREN LA FORMA DE GANAR. Y por ello es que la victoria de ayer en el MetLife Stadium reviste una importancia incuantificable. Porque es un primer paso de 16 para lograr aspirar a la postemporada y de ahí, reencauzar los objetivos con miras al Campeonato.

Pero, ¿cuál es el punto de todo este montón de párrafos? Van mis comentarios:

Los nervios y la falta de coordinación, era clara. Sobre todo en la ofensiva del equipo. Normal si tomamos en cuenta que en el campo estaba un quarterback que regresaba de una seria lesión y por si fuera poco, con 38 años de edad a cuestas. Era lógico pensar que el ritmo no sería la carta de presentación principal. Y vaya que se notó.

Foto: Karl Roser

Tras mantener un juego en el que las ofensivas no carburaban, tocaba turno a Pittsburgh para que recibiera una patada de despeje de los Giants. Y vino el error de Diontae Johnson, al soltar el balón dentro de la zona roja y dejó el escenario para que los locales pusieran la primer estocada. Y así fue. Pero una brillante exhibición defensiva en esa álgida zona del campo, minimizó el daño del fumble y New York solamente pudo conseguir tres puntos. Bueno, de los males, el menor posible en esa serie.

Luego del empate a tres por parte de Chris Boswell, ya en el arranque del segundo cuarto, Pittsburgh, esta vez a la defensiva, tuvo un error en la marcación en la zona del perímetro y se dio la jugada más larga por aire de los locales: pase de 41 yardas de Daniel Jones a Darius Slayton y las cosas se ponían 3-10. Los fantasmas mencionados líneas atrás, comenzaban a asomarse. Y mi jugo gástrico lo presentía.

Foto: Vincent Carchietta

Tras ese touchdown en contra y estar abajo en el marcador, la ofensiva de acero no daba muestras de reacción. Big Ben se notaba nervioso, oxidado como muchos citaron. Y cuando parecía que los Giants volverían a avanzar, consumir tiempo y quizás poner más puntos, la diosa fortuna le hizo un guiño a Trent Jordan “TJ” Watt, quien no la desdeñó y aprovechó un momento importante en el juego para interceptar a Jones y poner al equipo con la oportunidad al menos de acercarse en el marcador. Pero entonces, nuestro número 7 se sacudió ese óxido para sacar a relucir el brillo, con pase anotación a JuJu Smith-Schuster, acercando al equipo 9-10, tras la falla de Boswell en el intento de punto extra.

Foto: Karl Roser
Foto: Ben Solomon

Pittsburgh, tras un inicio errático, estaba de vuelta en el juego. Y sacudiéndose a esos fantasmas de los que escribía, ajustó y jugó de tal forma que después vino, al final del segundo cuarto, otro pase de touchdown de Roethsliberger, esta vez conectado con James Washington, para cerrar esa primera mitad con ventaja de 16-10, ventaja que jamás le fue arrebatada durante el resto del partido.

Foto: Karl Roser

La segunda mitad, en su tercer cuarto, no tuvo puntos, pero sí mucha emoción. Ambos equipos luchaban, uno por mantener y acrecentar la ventaja, otro para acercarse, remontar y recuperar la ventaja perdida. Y cuando los locales traían una marcha ofensiva que parecía iba a producir puntos, la diosa fortuna nuevamente hizo un guiño, primero a Alvin “Bud” Dupree, para alcanzar a rozar el brazo del quarterback rival y provocar que el ovoide saliera con una espiral errática y estuviera unos segundos en el aire para ser tomado por cualquiera; y al mismo tiempo un segundo guiño a Cam Heyward, para estar justo en el sitio en el que el balón iba cayendo. Pudo ser cualquiera, pero fue nuestro gran capitán defensivo quien tuvo la fortuna de estar en el lugar y momento justo para detener la ofensiva neoyorkina con una intercepción, la primera en su grandiosa carrera. Y finalizaba el tercer cuarto.

Foto: Robert Deutsh, USA Today Sports
Foto: Adam Hunger, AP

Y al arranque de los últimos 15 minutos de juego, Roethlisberger hizo lo que todo quarterback que se precie de ser de alto nivel haría: volvió a dirigir una serie ofensiva en la que Benny Snell se convirtió en un devorador de yardas terrestres y  Diontae Johnson se contagió de la inercia positiva del equipo, sacudiéndose los nervios del inicio y logrando recepciones importantes para que Pittsburgh capitalizara con puntos la falla de Giants. Fueron tres puntos más a cargo de Boswell, pero que significaban, como equipo grande que es Pittsburgh, que iban a tomar todo lo que el rival permitiera para mantener la ventaja, para acrecentarla. Vaya, para buscar ganar. Y ese 19-10 momentáneo, era muestra de ello.

Foto: Karl Roser

Poco después Roethlisberger nuevamente, con ayuda de Eric Ebron, de Snell, de Johnson y de Smith-Schuster, dirigió otra magistral serie que consumió la mayor parte del reloj y puso otro pase de anotación a éste último, para poner el marcador 26-10. Nueva York logró una anotación de seis ya al cierre del partido, pero no por mejora de juego, sino por los espacios que en el llamado garbage time le permitieron los Steelers, para dejar el marcador final de 26-16.

Foto: Karl Roser

Y hubieron más detalles importantes, como por ejemplo el fumble de Snell, las 7 de 9 conversiones en tercera oportunidad a favor de los Giants, las tres series de tres y fuera de la ofensiva de acero, en fin, circunstancias que pudieron ser trágicas, pero, contrario a otros tiempos, esta vez, NO FUERON.

Se ajustó eficientemente por el entrenador cuando había que hacerlo. Se aprovecharon y capitalizaron yerros del rival. Se mantuvo una ventaja hasta el final. Vaya, hasta la suerte sonrió a nuestro favor.

Es muy pronto, cierto. Apenas la primera semana y hay que ser constantes y seguir siendo contundentes. Faltan 15 objetivos más para pensar en postemporada, y de ahí, como escribí antes, reencauzar los objetivos con miras al Campeonato. Pero este equipo me mostró ayer que efectivamente, como noté en 2019, está siendo diferente. Que está sacudiéndose más a los fantasmas de antaño.

Que tiene hambre de encontrar la forma de ganar.

Nos leemos.

El Dato Renegado: Ben Roethlisberger logró, con los tres pases de anotación del día de ayer, llegar a 366 en su gran carrera. Con ello, empata en el octavo sitio de todos los tiempos en anotaciones aéreas para un quarterback, junto a un contemporáneo suyo en el Draft de 2004 y quien hasta el año 2019 defendió los colores de los Giants: Eli Manning.

Foto: William Perlman, The Star-Ledger

 


2 respuestas a “2020: Encontrar la forma de ganar.

  1. Hola a todos.
    Coincido en que la fortuna estuvo de nuestro lado. Pero en mi opinion, fue la suerte de enfrentar a un equipo en franca restructuracion en esta primera semana.
    Como bien comentas, NY fue incapaz de aprovechar los errores de los equipos especiales, no solo el balon suelto de Dionte, tampoco la patada de salida que abando no el terreno por la banda y le dio la posicion a Gigantes en su yarda 40, y no supieron aprovecharlo.
    Este tipo de errores no deberan cometerlos frente a equipos contendientes que si sabran aprovecharlos.
    Por otro lado, costosa la victoria, al perder a Banner.
    Y alguien que debe estar muy muy preocupado es Conner. Snell dio muestras de que puede con el trabajo, aunque debe aprender a proteger el balon.
    Ya ansio que sea domingo, para enfrentar a Denver, que tuvieron la mala fortuna de perder a Von Miller.
    #HereWeGo

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    1. Hola, muchas gracias por leer y comentar.

      Por supuesto coincido con tus palabras. De hecho, comento que sin ánimo de minimizar al rival, no saco conclusiones ni pronósticos luego de un primer juego. Lo importante es que, distinto a otros años, los errores del rival fueron aprovechados y capitalizados. Los nuestros, contenidos o minimizados en lo posible. Eso es algo que no acontecía mucho y daba muchos dolores de cabeza. Ojalá y sea algo recurrente este 2020.

      Saludos y muchas gracias por seguirnos y comentar.

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